El mundo llegó a un alto nivel tecnológico, un crecimiento sin parangón, pero los seres humanos siguen siendo las mismos de hace 2.000 años, no se han desarrollado como personas, por lo tanto, no siempre usan correctamente una determinada tecnología.
Seguimos teniendo el mismo instinto depredador, estamos permanentemente en conflicto. Hoy EE.UU con Occidente colectivo está enfrentado contra Rusia por su creciente influencia y contra China por ser un competidor económico, a tal punto que, si estas potencias dan un paso en falso se destruye el planeta y todo gracias al avance tecnológico y al avance de la estupidez humana. Si profundizamos en esto, verdaderamente asusta.
La inteligencia artificial es una herramienta poderosa para simplificar los trabajos tediosos, pero a la vez peligrosa, puede llegar a controlar las mentes de las personas con fines desconocidos para la mayoría. Solo un individuo con valores profundos podrá oponérsele y utilizarla correctamente en su quehacer diario. Una persona sin valores, dócilmente se entregará a la omnipotente I.A. y tendremos “un mundo feliz” como lo profetizó Aldous Huxley en su famosa novela.
La Tecnología Nuclear, lo mismo, tiene un lado oscuro, las bombas atómicas y un lado luminoso, energía limpia en grandes cantidades similar al sol.
No estamos en contra de estas tecnologías, ya están presentes, no hay vuelta atrás. Firmar tratados para regularlas es solo el primer paso, pero insuficiente, lo verdaderamente importante para evitar que estén al servicio de una elite desconocida, son los valores trascendentales y un mundo multipolar, en donde se respete las decisiones políticas y económicas de cada país.
El mundo de hoy, con el actual desarrollo de la tecnología, con la cantidad abismante de noticias que recibimos en tiempo real, requiere más que nunca que las personas tengan su propio criterio, que aprendan a pensar y decidir por si mismas. No depender de la publicidad ni de los mensajes subliminales que asechan permanentemente, entender que detrás de toda noticia por lo general hay un interés oculto, no necesariamente malo, pero es bueno descubrirlo. Es un arte que se aprende con la debida atención a lo que se lee o escucha y es esencial tener esa capacidad para tomar decisiones correctas.

